24 sept. 2009

Cresta de Juan Liscano

Cuando mueren
por un instante las palabras
que tanta muerte dan siempre a la vida
cuando descubrimos el actor que somos
y lo exponemos
despojado de sus trajes crepusculares,
cuando nos despierta el sueño de soñar
o arrancados del sueño
despertamos atónitos
como extraño celeste caído
cuando se quiebran los espejos
al soplo de una necesidad desconocida,
cuando vaciadas quedan las odres
y sea aquieta la fiera de la sed,
cuando se acepta el desierto por jardín,
brota del resplandeciente vacío
una repentina cresta
y el levante impera en ella
filo puro neto
neutro que se abate
y nos degüella.

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